Vestirse o, mejor dicho, arreglarse, es una actitud propia del ser humano. A través del atuendo y las joyas se afirma una intención estética y de socialización, porque vernos atractivos y diferenciarnos son elementos que juegan un rol fundamental en la motivación para elegir prendas cada día. Es decir, en conjunto enmarcan el cuerpo en un contexto social: no solemos confeccionar nuestra ropa, sino comprarla, y esto no lo hacemos pasivamente, sino que seleccionamos y combinamos lo que deseamos para modificar nuestra apariencia, expresarnos, pertenecer o diferenciarnos.

El vestido hace que el cuerpo se convierta en un texto interpretable. Es parte de un mensaje corporal que expresa valores sobre varios conceptos, entre otros:

Género: hombre, mujer, homosexual, travestido.

Edad: joven, señora, viejo conforme con su edad, viejo que se siente adolescente, viejita aburrida.

Ocupación: policía, médico, secretaria, albañil, ejecutivo, ama de casa, mamá, los famosos jeans.

Posición económica: bolsa del mercado; bolsa de moda, pero pirata

Rol productivo: los puños blancos de la camisa indican que una persona hace trabajo intelectual y no emplea las manos, mientras que, como el ama de casa no tiene una ocupación productivamente relevante, carece de «uniforme», pero se viste como tal.

Pertenencia étnica: indígena, negro, pachuco.

Convicción espiritual: sacerdote, darketo, musulmán.

La moda no se produce en todas las épocas ni en todas las civilizaciones. Tiene un inicio localizable, que va de la mano del nacimiento del mundo moderno occidental. En efecto, en la prehistoria, el hombre vestía con pieles. Desde épocas  remotas y hasta el siglo XIV, la gente hacía su ropa en casa y la forma de vestir no cambió casi nada. De pronto, varios factores llevaron al nacimiento de ese sistema de producción y difusión de lo efímero: la aparición de plebeyos ricos —burgueses— que usaron su imagen para distinguirse, el aumento del comercio en las ciudades, la posibilidad de ascender socialmente, la especialización del gremio de sastres y la afirmación de una nueva conciencia individual, entre otros.

Cambio en el sentido de vestir en tres siglos distintos:

S. XIV varios factores llevan al nacimiento de un sistema de cambio constante en el vestido de las clases pudientes: la apariencia de ambos sexos es alargada, los zapatos son puntiagudos —de hasta 45 centímetros de largo.

Los 50. los jóvenes rebeldes adquieren fuerza social y aumenta la moda de masas. Las damas son elegantes, con guantes, sombrero y falda ajustada, mientras que las chicas llevan falda con crinolina o pantalones de mezclilla, botas y chamarra de cuero.

Primera década del siglo XXI. surge un estallido de color en las telas y una exageración en los estampados; la tendencia ecológica se muestra en piel de imitación y las prendas orgánicas; las copias pirata compiten con las grandes marcas.

La moda para muchos puede ser un estilo de vida como para los diseñadores y los modelos. Los estilos y tendencias deben de ir de acuerdo con la persona que ocupa determinada prenda; las personas se tienen que ubicar en su edad, trabajo y/o gusto por la moda, para que alguien se pueda ver moderno, se tiene que ver bien no sólo es traer ropa de la tendencia que llegó al mercado si no tiene que buscar que vaya con su carácter, fisonomía, edad, pero sobre todo se tiene que sentir bien consigo misma para que en realidad comunique esa moda que le atrae. Para ello es importante conocer que existen diferentes tipos de cuerpo, y cada uno necesita algo específico para resaltar sus mejores atributos y esconder sus pequeños defectos.